El instrumento

February 22, 2019

 

 

-Así como los músicos se valen de su instrumento para hacer sonar la melodía, el actor es, al mismo tiempo, instrumento e instrumentista- . Esto fue lo que escuché al recibir mi primera clase de teatro, hace más de 20 años.

 

Como actores y actrices nuestro instrumento es, desnuda y sencillamente, nuestro cuerpo y nuestra voz.

 

El camino del teatro y la interpretación pasa por deshacer el nudo de condicionamientos sociales y biográficos que nos limitan, y recuperar la experiencia de estar en mi cuerpo, aquí, en presente, en vida, como punto de partida y como puerto de llegada. El cuerpo es nuestra tierra, donde crecen posibilidades infinitas de ser y dejarse estar. Reconstruimos en escena el gozo de fluir de la sensación a la emoción y a la acción, y nos convertimos en canal. Volvemos al origen, recuperamos nuestro cuerpo natural, animal, orgánico, libre, permitimos su expresión y desde ahí la creación.

 

“La arquitectura teatral es el edificio constituido por el cuerpo y la voz del actor” (Gordon Craig)

 

Del mismo modo, en terapia sostenemos que parte del desgaste de la neurosis tiene que ver con haber perdido la capacidad de sentir. Hemos renunciado a la puerta de los sentidos en pos de la ventana de la mente. El proceso terapéutico gestáltico toma también como punto de partida sentir la realidad, volver a la vida en cuanto a recuperar la experiencia, volver a la esencia, la salud, lo obvio, lo fenomenológico; volver a estar, aquí y ahora.

 

La esencia de la conciencia sensorial radica en la distinción entre nuestra experiencia real y nuestros pensamientos y fantasías. Con estos dos últimos hemos llegado a identificarnos. En nuestra educación, hemos suplantado la experiencia por procesos intelectuales, hemos aprendido a ser conscientes de lo que estos nos dictan, no de la percepción de nuestros sentidos. Los animales, los niños y niñas, se mantienen en un estado constante de conciencia sensorial. Sin embargo, en nuestra sociedad, la conciencia de la fuga de la propia vitalidad ha sido adormilada por las constantes distracciones.

 

“Somos seres experienciales, y la sutil substancia de nuestra experiencia se fragua en nuestro cuerpo. En el cuerpo vivimos sensaciones, sentimientos, pensamientos y también la presencia de lo transcendente. El cuerpo es el laboratorio a través del cual el alma se expresa y experimenta, un regalo material para nuestro personal y singular viaje a Ítaca. La residencia de lo biológico, lo hormonal, lo instintivo: nuestro santuario”

(Joan Garriga, Vivir en el alma)

 

Hablando de Teatro Gestalt, cuando me preguntan por mi trabajo y por el camino que proponemos en La Canoa de Papel, a mí me gusta mucho responder con el verbo recuperar, remitiéndome a la imagen de recuperar aquello que fuimos y con lo que hemos ido perdiendo contacto al crecer. El niño, la niña, nuestra parte más espontánea, inocente, orgánica, libre y creadora. Nuestro instinto, emoción, vulnerabilidad. Nuestro instrumento, y nuestra música.

 

INSTINTO: Del latín instinctus (impulso, inspiración). Conjunto de pautas de reacción que, en los animales, contribuyen a la conservación de la vida del individuo y de la especie. Móvil atribuido a un acto, sentimiento, que obedece a una razón profunda, sin que se percate de ello quien lo realiza o siente. Impulso o movimiento divino.

 

Ponemos el foco en nuestro centro motor, para habitar nuestra anatomía viviente y tomar la sensación como unidad de conocimiento y expresión. Abrir, percibir, respirar… un río de vida nos mueve, y el cuerpo se vuelve tierra, semilla, árbol, animal. El cuerpo es una fiesta, una selva y una danza.

 

“El animal interior vuelve a despertar, se vuelve visible, lo escuchamos, lo sentimos y lo vivimos, toma forma y se convierte en nuestra danza, habita nuestro cuerpo, nuestro gesto y nuestra acción. Le damos espacio para que se mueva y para que nos mueva, abandonamos el control para acercarnos a la espontaneidad y libertad del animal que somos. Su presencia es fuente de vida”

(Andrés Waksman)

 

EMOCIÓN: Flexibilizamos un espacio de apertura, escucha, contacto, permiso y expresión de nuestro centro emocional, como faro guía de nuestras necesidades más orgánicas. Toda emoción es bienvenida, sin imponer ni etiquetar ni juzgar, abriendo así las posibilidades del quién soy. Con el vínculo como lugar de crecimiento y aprendizaje.

 

“Se percató de que el actor debía emprender un viaje decidido y profundo para encontrarse con su verdadera alma, despojándose de su máscara para poder crear otra, la de su personaje, sin valerse de trucos ni artificios. Su insistencia en que el actor debe acceder primero a su corazón para luego poder comprender, imaginar, y encarnar el personaje, inquietó a muchos en su época”

(Stanislavski, El Arte Escénico)

 

VULNERABILIDAD: Del latín, vulnus (herida), abilis (que puede), dad (cualidad): “la cualidad que tiene alguien de poder ser herido”.

 

Hemos aprendido a resguardar nuestra vulnerabilidad creando un personaje que la protege. Un personaje gracias al cual hemos podido sobrevivir (a salvo de la angustia y el contacto con la herida), pero que nos mantiene lejos de aquello que atesoramos de la piel para dentro, de nuestro hogar más íntimo y propio, desde el cual podemos sentir el estallido de la vida como si el roce de unos pétalos fuera el clamor de mil campanas vibrando en el pecho.

 

“No dejaremos la exploración, y el final de nuestro explorar será llegar al punto de partida y conocer por vez primera ese lugar”

(Stephen Nachmanovitch, Free Play)

 

 

 

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